El Gimnasio Campestre de Guilford se vistió de magia, color y sonrisas para celebrar una de las fechas más esperadas del año: Halloween. Cada rincón del colegio se llenó de emoción, música y creatividad, convirtiéndose en el escenario perfecto para una pasarela de disfraces inolvidable. Este evento, más allá de una celebración, se convirtió en un espacio para fortalecer la unión familiar y el espíritu institucional.
Nuestros estudiantes desfilaron con disfraces únicos, hechos con dedicación y amor por sus familias. Desde personajes clásicos hasta creaciones originales, cada atuendo reflejó la alegría, la imaginación y el esfuerzo compartido entre padres e hijos. Fue una muestra del compromiso que tienen nuestras familias con la formación integral de sus niños.
Durante la jornada, el colegio se transformó en un verdadero festival de color. Los niños disfrutaron de actividades, bailes y dinámicas pensadas para fomentar la convivencia, la creatividad y la expresión libre. Cada sonrisa fue el reflejo de la felicidad de vivir la infancia con entusiasmo y amor.
Halloween en el Guilford no es solo un día de disfraces, es una experiencia que conecta emociones, valores y aprendizajes. A través del juego y la diversión, nuestros estudiantes desarrollan habilidades sociales, refuerzan la confianza y aprenden a compartir momentos significativos con sus compañeros y docentes.
Este tipo de actividades hacen parte de nuestro compromiso por formar seres humanos íntegros, alegres y capaces de disfrutar los logros y las experiencias cotidianas. Porque en Guilford, cada celebración se convierte en una oportunidad para enseñar y aprender desde el corazón.
Gracias a todas las familias Guilford por su entusiasmo y dedicación. Su participación y cariño hacen de cada evento una muestra del espíritu que nos une: una comunidad educativa donde el afecto y la alegría florecen día a día.



